
Camila M.
Rosario, Argentina · 26 años
Imagen difuminada por privacidad contractual
Camila trabajó un año y medio con una agencia que encontró por un grupo de Facebook. Al principio todo parecía bien — le respondían rápido, le explicaban las cosas, y el primer pago llegó solo dos semanas tarde. Le dijeron que fue un error del sistema.
Después del tercer mes, los mensajes empezaron a tardar. Primero horas, después días. Le mandaba preguntas sobre las guías y nadie le contestaba. Cuando preguntaba por los pagos, le decían 'ya sale' o 'estamos procesando'. Nunca le daban una fecha concreta.
Los pagos siempre llegaban tarde — a veces una semana, a veces tres. Nunca sabía cuándo iba a cobrar. No podía planificar nada. Ni el alquiler, ni las cuentas, ni su vida.
Lo peor no era la plata tarde. Lo peor era sentir que no les importaba. Yo les escribía y me dejaban en visto. Éramos como números en una planilla — cuando producías bien, existías. Cuando tenías un problema, desaparecían.
En un momento le pidió a la agencia un cambio en su horario porque tenía que cuidar a su mamá que se enfermó. La respuesta fue que tenía que 'mantener el ritmo de producción'. Sin empatía, sin alternativa. Solo: producí o quedás afuera.
Camila aguantó un año y medio esperando que mejorara. No mejoró. Renunció sintiéndose agotada, frustrada, y sin confianza en sí misma.
Tres meses después, encontró Luxera por el Instagram de una modelo que conocía. Lo que la convenció no fue la plata — fue que le respondieron el mismo día. Le explicaron el proceso completo antes de firmar nada. Le preguntaron sobre su disponibilidad real, sobre sus límites, sobre qué necesitaba para sentirse cómoda.
La primera vez que les mandé un mensaje con una duda me respondieron en veinte minutos. Casi me largo a llorar. Suena exagerado pero después de un año y medio siendo ignorada, que alguien te responda así se siente como un lujo.
Los pagos llegan cada quince días, siempre en fecha. Sin excusas, sin 'ya sale'. El número que le prometieron es el número que recibe.
Pero lo que más valora Camila no es el dinero. Es que se siente tratada como una persona. Le contestan las dudas, le dan feedback constructivo, y cuando tuvo que bajar el ritmo un par de días por temas personales, el equipo le dijo: “Tranquila, avisanos cuando estés lista.”
Hoy trabaja 4 horas al día desde su casa en Rosario. Dice que por primera vez en mucho tiempo se siente respetada en su trabajo.
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